
UNA FAMILIA ENTRE FOGONES
En El Cibulet, no somos solo compañeros de trabajo: somos una familia. Cada plato, cada copa, cada detalle de sala lleva la huella de personas que ponen el corazón en lo que hacen. Tenemos una estrella compartida: la del esfuerzo diario, la del respeto mutuo y la del compromiso con el trabajo bien hecho. Aquí todos aportan, todos suman.
SALA CON ALMA
El servicio de sala cuenta siempre con al menos tres personas que hacen mucho más que atender mesas con amabilidad. Mantienen los espacios limpios, las copas relucientes, los vinos a punto y las bebidas frescas. Y, cuando es necesario, entran en la cocina para ayudar con los postres o dar apoyo en momentos de mucho trabajo. Porque aquí nadie dice “eso no me toca”.


El valor de cada gesto
Aquí hay quienes limpian, pero también quienes emplatan, revisan productos, controlan cámaras frigoríficas y participan en las listas de producción. En El Cibulet no hay manos inútiles: todos los que trabajan lo hacen con dignidad, responsabilidad y sentido de comunidad.
el corazón de la cocina
Toni, chef y alma del proyecto, cocina codo a codo con Michael. Juntos lo hacen todo: preparación, limpieza, pedidos, atención telefónica… y todo con una filosofía clara: la cocina debe ser un espacio de paz y luz. Un lugar donde empezar el día con el pie derecho.


Más que un restaurante
En El Cibulet, nadie se queda atrás. Si uno termina antes, ayuda. Si alguien se ve desbordado, el otro responde. Y si surge tensión, se resuelve con respeto. Toni no solo cocina: crea experiencias. Reinventa clásicos, provocando que el cliente quiera probarlo todo… y volver.
Y detrás de cada plato, de cada carta cuidadosamente pensada y de cada detalle, está lo que nos hace únicos: las personas. Un equipo de verdad, que trabaja con pasión, orgullo y compromiso.

